Las exigencias del lector de hoy (Fernán Saguier, La Nación, 6/6/08)
Sorpresa, profundidad y agenda propia es la nueva demanda que obliga a revisar los paradigmas.
GOTEMBURGO, Suecia.- Diez años atrás, con los vientos de la globalización, los editores repetían histéricamente: “Local, local, local”.
La prensa está que arde (Mario Tascón, Esquire, Madrid, junio 08)
Hoy vemos la tele con el portátil en las rodillas curiosenado You Tube y chateando.
Año 2007, una mirada a la prensa estadounidense: caídas en las difusiones, recortes de empleo, crisis de la credibilidad –el principal valor–, descensos de ventas, jóvenes que se informan en otras fuentes… En definitiva, un bosque en llamas. Un año después, cuando me pongo a escribir esta reflexión para Esquire, el asunto no ha hecho más que empeorar. A todo lo anterior hay que sumar una notable merma en los ingresos. Las facturaciones de publicidad de los diarios caen a reacción. Y ya no sólo en EE UU : el incendio entra por debajo de la puerta de casa. Muchos creen que parte del problema actual de los diarios reside en que los jóvenes no leen y eso no es verdad. Nunca se ha leído
tanto como ahora, lo que sucede es que al soporte papel y sus productos más tradicionales (periódicos, revistas y libros) les ha salido una importante competencia en las pantallas, como tan bien describe Juan Cueto (Oviedo, 1942). Pantallas ubicuas, móviles, ordenadores, televisiones interactivas, grandes pantallas digitales en las calles y los conciertos. Y personas que quieren disponer en cualquier situación y lugar de la información que necesitan. En ellas están los nuevos lectores, los que hacen temblar las estructuras de los medios convencionales. Ese lector ha cambiado de hábitos, no lee ni consume los medios de la misma forma que hace diez años (sí, un tiempo relativamente corto, pero ¿dónde estaban entonces los móviles?¿qué hacías mandando faxes?) Hoy día se ha roto la frecuencia de compra
de quien leía diarios de pago a diario. Ya no lo hace. Si un día no le han repartido en el metro un gratuito o no ha podido acercarse al quiosco, lo lee en Internet y ya no lo compra por la tarde como antes. En cambio, se mantiene la compra del fin de semana y de muchas revistas de lectura (ésta incluida). Es normal entonces que el fin de semana las audiencias de Internet disminuyan. Otro hábito en aumento es la multitarea. Las cifras de consumo de medios no cuadran. No puede ser que el tiempo que dedica una persona a ver televisión, navegar por Internet, leer periódicos o escuchar la radio sume tantos minutos como para no tener horas para dormir. Sólo se explica porque cada vez más gente realiza un consumo de medios casi simultáneo. Es lo que se denomina multitarea: se ve la tele con el portátil encima de las rodillas para chatear, abrir un vídeo de YouTube o vagabundear por la Red. Los más jóvenes mantienen abiertas varias pantallas simultáneamente con distintas conversaciones, búsquedas o portadas de noticias. Y, además de la multitarea lectora/visionadora, existe la posibilidad de convertirse en editor: la Red se ha poblado de blogs y páginas personales que compiten con la prensa convencional, ¡incluso les restan publicidad! Muchos se preguntan si se podrá salvar a la prensa. Creo que lo realmente importante es saber si podremos salvar las virtudes que ha desarrollado el periodismo analógico, su fuerte compromiso con la sociedad y el contrapeso que a ejercido hacia los poderes y sus abusos. Un mundo global de complejos entramados empresariales, en los que se mezcla la profesión/oficio periodístico con diferentes intereses en muchos otros negocios, no reúne unas buenas condiciones para que los medios convencionales sigan navegando en la independencia. En cambio, la Red se atisba como un lugar en el que quizás podamos recuperar algo de lo que hemos perdido, y se transforma
en un gigantesco territorio en el que las personas tengamos mucho que ganar. Es curioso pero, años después de leerlo por primera vez, comparto completamente el ideario hacker que publicó allá por 1984 (¡qué año!) Steven Levy porque se podría aplicar plenamente al libro de estilo de un medio de comunicación digital. Donde pone hacker voy a poner periodista y vean el resultado:
